Docencia, sexualidad, y construcción de subjetividad.Analía Correa. Prof. en Historia.

En principio, aclararé que hablo desde la experiencia dolorosa y estimulante de ser mujer,en una sociedad que con toda la fuerza de sus tradiciones inventadas, mantiene sus apuestas en favor de la empresa material y simbólica de eternización de la dominación masculina. Desde esta auto-socio-percepción, intento aproximarme a algunas ideas producidas por sociólogos, historiadores, antropólogos, psicólogos, preocupados por dotar de inteligibilidad las profundas transformaciones que estamos viviendo en este primer tramo del siglo XXI.

Es inevitable vincular esta reflexión a lo vivido-pensado, a las preocupaciones, contradicciones y ambigüedades propias de nuestra condición de sujet@s, atravesad@s, habitad@s, por prejuicios, tensiones, conflictos, generados, producidos, a través de relaciones gestadas en el marco de una sociedad estructurada en la desigualdad. Desigualdades de clase, de género, de etnia. Un mundo que niega las diferencias, a la vez que tiende a reproducirlas. Una sociedad que, mientras está constituida por realidades diversas, no ha sido diseñada en términos materiales ni simbólicos, de un modo que contemple esta condición humana. El androcentrismo, el etnocentrismo, el adulto-centrismo, relaciones de fuerza social estructuradas en torno al interés de la maximización de ganancias económicas, en la cual el “tener” se presenta como la condición para “ser”.

Abordar la dimensión inter-subjetiva de los cambios de la sociedad contemporánea, interrogarnos acerca del modo en que nos relacionamos los seres humanos, remite al tratamiento de la intimidad y la formación de una conciencia reflexiva acerca de la identidad personal. En el contexto de la sociedad que se percibe como integrada por individuos “libres”, que desarrollan sus vidas en una supuesta ilusoria igualdad de oportunidades, se nos presenta el desafío de pensar en cambios que abran caminos para que la realización emocional sustituya las metas de una sociedad burguesa y patriarcal, donde todo se mercantiliza en términos de dominio, apropiación, control. Y es así como es posible afirmar que los cambios en la afectividad y la sexualidad de estos tiempos, no son fenómenos superficiales.

En principio, es necesario distinguir la arbitrariedad cultural presente en la diferenciación entre los sexos y en la desigualdad implícita en la subordinación de la esfera de lo “femenino” respecto de lo “masculino” . La perspectiva relacional, la definición de género como “hábitos sexuados”, la propuesta de indagar las estructuras objetivas y cognitivas de la sociedad, resultan instrumentos conceptuales que promueven la reflexión crítica y permiten cuestionar distorsiones y simplificaciones abusivas.

En términos históricos, el género es una construcción social que define cualidades emocionales, afectivas, intelectuales y comportamientos diferenciales asignados como propios y “naturales” a mujeres y hombres. Aquello que se considera masculino o femenino remite, entonces, a la consideración de construcciones sociales “naturalizadas”, aprendidas, enseñadas, resignificadas, mediante un proceso histórico de socialización de lo biológico y de biologización de lo social. No será posible historiar aquí la génesis del patriarcado moderno, pero es importante considerar que la teoría jurídica feminista permite comprender hasta qué punto las mujeres, si bien se han producido avances significativos en este campo, permanecen en una posición subordinada con respecto a los varones.

Estado, Familia, Escuela: tres instituciones privilegiadas para la elaboración y reproducción de los principios de la dominación simbólica. El Estado, como instancia de reproducción de dispositivos simbólicos de dominación, es la institución desde la cual se construyen las categorías oficiales, mediante una labor de codificación, una enorme tarea de estatalización de las relaciones sociales con profundos efectos en la constitución de la identidad familiar como uno de los principios de percepción más poderosos del mundo social y una de las unidades sociales más reales. La Iglesia, otra institución fundante desde la cual se elaboran y reproducen los mecanismos de la dominación patriarcal.

La familia como principio de construcción de la realidad colectiva, campo en el cual se ejercen las disposiciones duraderas que resultan de las estructuras de dominación masculina, resultado de miles de representaciones y de acciones de orden subjetivo que contribuyen a reproducir la categoría objetiva .
En este sentido, es muy importante distinguir que la familia es un privilegio de hecho y un privilegio simbólico: “ser como se debe” dentro de la norma, significa obtener un beneficio simbólico de normalidad. Las derivaciones de estos principios son fundamentales para comprender como se naturaliza lo social y por razones de tiempo, y de capacidad de síntesis, no podremos analizar en esta oportunidad, pero resultan ineludibles a la hora de comprender y explicar cómo se generan los mecanismos de reproducción de la dominación masculina .

En la cultura occidental, al menos, éste es el primer período en el que los hombres se encuentran a sí mismos siendo hombres, es decir, poseyendo una masculinidad problemática. El control social de las mujeres por parte de los hombres es más que un rasgo incidental de la vida social moderna. En la medida en que el control en cuestión se relaja, aparece bien a las claras el carácter compulsivo de la sexualidad masculina. La decadencia de este control menguante genera también una oleada creciente de violencia masculina hacia las mujeres.

Los límites claros dentro de una relación son importantes para el amor confluente y el refuerzo de la intimidad. La intimidad no es ser absorbido por el otro, sino conocer sus características y dejar disponible lo propio de cada uno. Abrirse al otro, paradójicamente, requiere establecer límites personales, porque se trata de un fenómeno comunicativo. También requiere sensibilidad y tacto, ya que no equivale a vivir sin privacidad. El equilibrio de la apertura, la vulnerabilidad y la confianza, desarrolladas en una relación, deciden si los límites personales se convierten en divisiones que obstruyen más que fomentan esta comunicación. Este equilibrio presupone también un equilibrio de poder, y es por esa razón que la pura relación personal, con su promesa de intimidad, depende tanto de la autonomía creciente de las mujeres, cuanto de una sexualidad plástica.

La relación de dominación masculina, es una relación conflictiva en la cual encontramos consenso, adaptación, sometimiento, pero también resistencias, oposiciones, que nos llevan a integrar a la reflexión la combinación de grados diversos de imposición y aceptación de la relación dominación/sumisión por parte de hombres y mujeres . La transformación de la intimidad, entendida como negociación transaccional de vínculos personales entre iguales, implica una profunda democratización del dominio interpersonal, en forma homologable con la democracia en la vida pública . ¿Es posible la igualdad en el dar y recibir emocional, condición propia del amor confluente? La democratización de la vida diaria, como apuesta de emancipación del dominio personal, implica superar relaciones adictivas mediante la transformación de la intimidad. Construir relaciones sustentadas en el desarrollo de la identidad personal, basadas en el consentimiento, la confianza adecuada, la sinceridad, con equilibrio, reciprocidad, compromiso, deseos y sentimientos compartidos, apreciando lo que opina el otro…es necesario poner en palabras estas aspiraciones, para encontrar sentidos positivos para mejores y más justas formas de convivencia social.

De este modo, fueron en trazos gruesos, algunas ideasen torno a la construcción social de la afectividad en la sociedad contemporánea, advirtiendo que no soy especialista en estas temáticas, Trabajo como docente en la materia Construcción de Ciudadanía en escuelas secundarias, y esta tarea me ha vinculado con los adolescentes, sus dudas, sus saberes, creencias y prejuicios…Retomo lo que se ha dicho en esta jornada, valorando la importancia de actuar sobre la formación de los niños y los jóvenes en educación sexual integral. Trabajar en docencia, implica escuchar, superar esquemas conductistas y generar espacios de comunicación entre docentes y estudiantes. Para abordar estos temas, escuchar e intervenir positivamente desde la escuela, considero que es necesario formarnos en estas temáticas, profundizar nuestro conocimiento desde una perspectiva de género y generar instancias de debate y reflexión en torno a la cuestión de la sexualidad y la afectividad.

Asumir esta tarea pedagógica implica un compromiso, ya que si bien no vamos a revertir de un día para el otro los efectos dramáticos de la violencia sexual ni otro tipo de manifestaciones opresivas, al menos, estaremos aportando un sentido transformador a la formación de una cultura liberadora. Hay que salirse de mandatosrepresivos y conservadores, posicionarse y para eso es necesario el estudio, la tenacidad, la obra colectiva, poner en común vivencias y propuestas de trabajo.

Desde 2006, contamos con un instrumento jurídico, la Ley 26.150. A partir de su sanción se creó el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, y se estableció que el Estado tiene responsabilidad en garantizar el derecho de niños, niñas y jóvenes a recibir Educación Sexual Integral (ESI) en todos los establecimientos educativos públicos de gestión estatal y privada de nuestro territorio.

En las instituciones educativas, la Educación Sexual Integral constituye un espacio de enseñanza y aprendizaje que comprende contenidos de distintas áreas curriculares,abordados de manera transversal y/o en espacios específicos. Incluye el desarrollo de saberes y habilidades para el cuidado del propio cuerpo; la valoración de las emociones y de los sentimientos en las relaciones interpersonales; el fomento de valores y actitudes relacionados con el amor, la solidaridad, el respeto por la vida y la integridad de las personas; y el ejercicio de los derechos relacionados con la sexualidad. También promueve el trabajo articulado con las familias, los centros de salud y las organizaciones sociales.
Desde la escuela es posible trabajar para desarrollar capacidades emocionales como la solidaridad, la empatía, la expresión de los sentimientos en el marco del respeto por los y las demás. A la vez, podemos generar instancias de reflexividad para trabajar la posibilidad de decir no frente a la coacción de otros y de otras, el fortalecimiento de conductas de cuidado personal y colectivo de la salud y también abrir la comunicación para posibilitar la expresión de sentimientos y afectos.
Para que los aprendizajes puedan promoverse integrando las diversas dimensiones inherentes a la educación sexual integral, es necesario fortalecer los equipos técnicos, y generar acciones inter-institucionales, capacitación docente, y producciones de dispositivos y materiales didácticos orientados a la sensibilización en estas temáticas, desde la perspectiva de los niños y jóvenes como sujetos de derecho.
Agradezco a La Alameda Mar del Plata la posibilidad de reflexionar en estos términos y espero no haber abusado de vuestra paciencia.

Jornada en Conmemoración del Día Mundial para la Prevención del Abuso Sexual Infantil “Voces para romper el silencio”

La Alameda Mar del Plata.

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