Y nada será como antes. Por Patricia Gordon

(Sobre la niña abusada y embarazada de Entre Ríos)

Una vez más tuvo que contarlo. Y rememorar los momentos en que la sexualidad de ese otro que la abusó cambió su vida para siempre.
Como ella, diariamente, muchas niñas, niños y jóvenes transitan los pasillos de las casas de la injusticia que despiadadamente les dice: las pruebas no alcanzan, pero hubo consentimiento, provocación, seguro que son mentiras de la madre para sacarle plata al ex marido, son fantasías…
Y encima quiere abortar! Un cuerpo, señor ministro, usted sabe que es un cuerpo?
Tal vez su corta visión de la realidad le haga suponer que la cabeza está en un lado y el cuerpo en otro. Entonces lo escindimos, lo amputamos, como usted parece que sabe hacerlo y terminamos esta historia. Para que las almas bellas duerman en paz porque “han salvado una vida”.
El abuso sexual es unos de los peores crímenes de la humanidad.
Aniquila el alma, destruye la infancia, apaga la alegría, desmorona la confianza, irrumpe abruptamente en la organización del cuerpo. No del que usted alude desde su sillón. Más especialmente del que niega.
La sexualidad tiene etapas. Lo dicen hasta los manuales más básicos de psicología evolutiva. Hasta las revistas de moda lo dicen a veces.
El cuerpo de la niña que usted dice que puede ser madre, no resiste, re-niega de ese futuro ser. Porque no es un ser aún aquello que es rechazado desde su concepción.
Y de nacer, habrá que trabajar mucho para que no sea un ser para la muerte.
Las mujeres nos hacemos madres, no nacemos madres. Algunas ni siquiera desean serlo. Somos mujeres. Y ella, es una niña que tendrá que elaborar la terrible desgracia de haber sido abusada. Algún día, tal vez pueda desear tener un hijo o darle lugar en su vida, con la mejor de las suertes.
No es el desarrollo biológico el sustento sobre el que se apoya el deseo, siempre necesario, para este “hacernos madres”. Si no estuvo antes de la concepción, es posible que se pueda construir con amor y con paciencia.
La niña, enredada entre todos los mandatos imperantes de los discursos hegemónicos a saber: iglesia católica, ciencia, estado, justicia, patriarcado, tiene voz y nos dice: “Quiero volver a ser como antes”
Mientras los médicos emiten sus sabias y académicas opiniones, mientras los funcionarios y la familia judicial sentencian la muerte de la infancia, una voz se alza entre la gran hipocresía reinante.
Escúchenla por favor, antes de que sea tarde. Que todavía nos sangra la herida de Romina a la que tampoco supieron escuchar.
Que sea justicia alguna vez.

Lic. Patricia Gordon. Psicóloga, Mar del Plata.
Coordina la Red Solidaria de Capacitación y Tratamiento de Violencias, Abusos y Trata de Personas
Integrante de La Alameda.

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